miércoles, junio 23, 2021

 Ejercicio narrativo: Continuar la historia

El día martes a las 9:30 de la mañana el señor Martínez fue hallado muerto bajo las escaleras de su edificio junto al armario del conserje, el arma homicida era un martillo que fue encontrado en un bote de basura a dos cuadras de la escena.

Yo soy Francisco, amigo de Martínez de toda la vida. Dos días antes, Martínez me cogió cortico cobrándome la gran deuda de juego y amenazándome de muerte si no pagaba ¿Qué podía yo hacer? Aprovecharme de lo bien que lo conocía para matarlo impunemente antes de que él me matara mí. 

Por supuesto, fui uno de los primeros que interrogó la policía.

--Señor Francisco, conocía bien al Señor Martínez?-- preguntó el detective.

--Sí. Desde hace mucho, mucho tiempo. Hasta soy el padrino de su hija.

--Tenía algún enemigo? Sospecha de alguien?

--El nunca decía nada de sus enemigos, tampoco dijo explícitamente nada sobre amenazas, pero a veces hacía insinuaciones sobre los peligros de morir accidentalmente y sobre traiciones. Yo creo que le temía al novio de su hija. A veces cedía ante las exigencias de María de miedo a las represalias que su enamorado podría tomar sobre ella o sobre el. Una noche cuando llegamos juntos a su casa, Ester, la vecina también lo amenazó en frente mío, le dijo que si seguía molestando a su perro, se lo iba a cobrar aumentado por cien. ¡Y el conserje! Con ese sí que tenía una pelea buena: una vecina escuchó hace tres días que tenían una riña, al parecer el señor Martínez le recomendó inversiones al señor José perdió una gran cantidad de dinero. José le pidió en múltiples ocasiones que lo resarciera por su pérdida o que por lo menos compensara para recuperar aunque fuera en parte sus finanzas. Y hay otra cosa, José le estaba guardando a Martínez más y más rencor cada día, porque hasta el día antes de morir, así como lo hacía todas las semanas, dañó a propósito algo en el edificio para que José tuviera más trabajo. Podría ser que a José se le colmara la paciencia y lo mandara al papayo. ¿No fue al lado del armario del conserje donde lo encontraron muerto? La secretaria, Sandra también tenía su rencilla con Martínez, porque no valoraba ni recompensaba su trabajo en la empresa, pero no creo que ella fuera capaz de darle un martillazo de muerte a Martínez, dado que ella es muy enclenque y bajita.

--Y qué me dice de Usted señor Francisco? Por ahí declararon que usted es un ludópata. Que Martínez le había prestado mucho dinero para pagar sus deudas de juego y que lo estaba apremiando y amenazando  para que le pagara prontamente su dinero.

--Yo no sé quién le contó esa mentira. ¡Yo le pagué esa deuda a Martínez hace dos días!

--Y en qué forma le pagó esa suma tan enorme al señor Martínez?

--En efectivo.  No le pedí ningún recibo, porque son asuntos de honor entre amigos.

--Y Cómo y de que fuentes obtuvo la suma de dinero que le pagó a su amigo?

--Pues... de varias fuentes--dijo Francisco titubeando--presté a otro amigo y saqué de la cuenta de horro de mi mujer...y otras cosas.

--Tiene comprobantes del retiro o de la recepción de ese dinero?--dijo el detective con incredulidad.

--Pues verá...ahora mismo no puedo... pero si me da unos días puedo reunir esos comprobantes.

--Y dígame--repuso el detective que ya tenía serias sospechas--Por qué dejó el martillo encima de la tapa del bote de basura y no dentro de este?--se aventuró a decir el policía.

--No lo dejé sobre la tapa. Estoy seguro que lo boté dentro del bote.

Y ahí fue donde me vendí. Me esposaron. Estoy detenido esperando el juicio.

¿Que si tengo remordimientos? No, para nada. Fue defensa propia.